martes, 10 de febrero de 2009

La república del café: la oligarquía en El Salvador

Margarita Moreno(*)

En 1846 el café fue introducido al país por el entonces presidente Eugenio Aguilar. Pero será hasta el período presidencial de Gerardo Barrios (1861-1863) que el café se posiciona como el principal producto de exportación, coincidiendo con el auge de los colorantes artificiales, que propiciaron el declive de la demanda mundial del añil.

A pesar de la gran importancia económica del café, Gerardo Barrios tenía otras prioridades en su gobierno, como el impulsar la separación entre Iglesia y Estado. Por esta serie de reformas, los conservadores de la Iglesia con el apoyo de Rafael Carrera, uno de los rivales políticos más importantes de Morazán, invadió El Salvador con el ejército de Guatemala y expulsó del país a Gerardo Barrios, nombrando a Francisco Dueñas como presidente de la república.

La familia Dueñas sería una de las 14 familias que llegarían a conformar la llamada “oligarquía cafetalera”. Barrios intentó entrar de nuevo al país, pero fue capturado en Nicaragua y luego fusilado por el gobierno salvadoreño el 29 de agosto de 1865.

A partir de entonces, con la introducción del café inició un acelerado proceso de concentración de la tierra, pues su cultivo implicaba grandes terrenos que cumplieran con los requisitos propios para la producción del café.
Pero será hasta 1881 cuando el presidente Zaldívar aprobaría una serie de leyes destinadas a despojar a los campesinos de las tierras ejidales y comunales.

Con la expropiación de las tierras nace la “oligarquía cafetera” y El Salvador se convierte en un país monoproductor y monoexportadora de café; mientras los jornaleros campesinos comenzaron a sufrir los bajos salarios y la expropiación de sus tierras.

Gracias al negocio del café, el capital comenzó a acumularse en la economía salvadoreña, que, tradicionalmente, había tenido una influencia alemana e inglesa significativa. Pero a partir, de los años 20´s Estados Unidos desplaza el dominio de los europeos y comienza a tener una intervención directa en el país: la construcción del ferrocarril, planean la instalación de una base militar en el Golfo de Fonseca, explotan los recursos mineros e influencian cambios en la política nacional, eliminando al último gobierno progresista que ha conocido El Salvador, el del presidente Manuel Enrique Araujo, quien estuvo en el poder de 1911 a 1913. Araujo autorizó la constitución de los gremios de artesanos, estableció una legislación sobre accidentes laborales, eliminó la prisión para los deudores, creó la Guardia Nacional y condenó la invasión estadounidense a Nicaragua en 1912.

Todas estas posturas y acciones le costaron la amistad con los miembros de la incipiente oligarquía cafetalera, quienes se afirma conspiraron para asesinarlo a machetazos 1913, mientras escuchaba un concierto en el entonces llamado Parque Bolívar, ahora conocido como Parque Gerardo Barrios.

Luego del gobierno de Araujo, asumió el poder Carlos Meléndez, dando inicio a la dinastía Meléndez-Quiñónez, que se alternaron el poder durante 17 años. Ambas familias eran cafetaleras y abrieron sus gobiernos a la influencia norteamericana.

Con la constitución de las 14 familias de la oligarquía cafetalera inicia la historia de desigualdades sociales y abuso de poder para beneficios de unos pocos; situación que aún persiste hasta nuestros días.

*Licenciada en Comunicación Social

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